Ahora te pones lágrimas como purpurina,
y las poses ante el espejo recitan
que estás muy triste, tristísima.
Que llevas una carga en la nuca.
Que mereces una muerte digna.
Te descubres la desnudez del cuerpo
para hundirte en tu bañera reliquia.
Juegas a soñar con un lago que no viste
más que en un cuadro prerrafaelita.
Se mezcla el cuadro con el color sangre
y el sueño te parece dulce, casi almíbar.
No te muevas, Ofelia, tanta tristeza
merece al menos una fotografía

texto. Carolina Otero

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